martes, 22 de enero de 2019

Las zonas erógenas masculinas


Así que ponte cómoda y prepárate para descubrir las zonas donde harás que tu pareja llega al séptimo cielo. Así no sólo conseguirá reafirmar vuestra unión, sino que estará tan agradecido que querrá pagarte con el mismo disfrute.

En este artículo, al igual que lo hacíamos con los puntos claves en la mujer, nos referiremos casi por entero a los puntos sexuales que se encuentran en el órgano sexual masculino.

Lo primero que hay que saber

Pese a que para los hombres sean más sencillo llegar a la excitación que las mujeres, no quiere decir que siempre haya que hacerles lo mismo y pasar directamente a su miembro, ya que el orgasmo será peor que si lo “trabajas un poco”.

Atiende otras partes de su cuerpo antes, las orejas, el cuello, la nuca e incluso el pecho (si para ellos también es una zona erógena, no tan fuerte como en la mujer, pero también pueden excitarse mucho a través de este punto).

Los puntos erógenos en el pene

También existe un punto G en el hombre y este es el Glande, el cual con una ligera presión hace que el hombre tenga multitud de sensaciones placenteras, gracias a la gran cantidad de terminaciones nerviosas.

El punto F, más conocida como frenillo, es la pielecilla fina que cubre el glande y es una zona especialmente sensible gracias a la gran cantidad de terminaciones nerviosas que posee. Al moverlo crea una gran excitación.

El punto R, el rafe situado en la zona media del pene, facilita la llegada al orgasmo si se masajea suavemente. Hazlo por ejemplo cuando lo estés masturbando, presiona ligeramente en esta zona.

El punto P, viaje a las estrellas


El llamado punto P, es el de la próstata que se encuentra situado bajo el cuello de la vejiga y que es seguramente, la mayor zona erógena del hombre, al poseer una gran cantidad de terminaciones nerviosas, le hace que su estimulación intensifique el orgasmo.

Para conseguir llegar a él, puedes o bien estimular el periné, localizado entre el pene y el ano, presionándolo con el dedo levemente o masajeándolo. O para los más atrevidos, introduciendo un dedo en el ano y masajeando la pared anterior del ano (como si masajearas el punto G femenino).